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	<title>OmaLuna &#187; Añoranzas y Recuerdos</title>
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	<description>Recuerdos, vivencias y pensamientos</description>
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		<title>El lavadero de mi pueblo</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Apr 2018 19:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas y Recuerdos]]></category>
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		<description><![CDATA[Recuerdo lavar con mi madre, mi abuela o mis tías en el lavadero del pueblo. Vienen a mi memoria la suavidad del cemento desgastado, el sonido al golpear y &#8220;torcer&#8221; la ropa sobre la piedra; mi tablita de madera, los carretillos, los barreños de zinc y las cestas; las manos ateridas y picadas de mi [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Recuerdo lavar con mi madre, mi abuela o mis tías en el lavadero del pueblo. Vienen a mi memoria la suavidad del cemento desgastado, el sonido al golpear y &#8220;torcer&#8221; la ropa sobre la piedra; mi tablita de madera, los carretillos, los barreños de zinc y las cestas; las manos ateridas y picadas de mi madre, que a veces lavaba con unos guantes blancos de tela; el vapor del chorro del caño en invierno, el silbo del viento, la brisa y el sol en la cara. Mujeres con sayas, mandiles, pañuelos a la cabeza y sombreros de paja. ¡Y es que el lavadero de mi pueblo no estaba &#8220;a la abrigada&#8221;, como otros!</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo &#8220;tendir&#8221;  al sol la ropa lavada o enjabonada sobre aquella pradera al lado de la iglesia. Y aquellos panales de jabón que aún hacemos a veces en casa, su blancura, el olor a sosa y grasa derretida de cerdo en la olla sobre la chapa de la cocina de carbón, y el corte untuoso y a ojo en el molde alargado de tabla&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo coger espadañas y ponerme perdida la ropa pelando las &#8220;macetas&#8221;; arrancar juncos al lado del caño y cortarme; hacer con ellos aros trenzados para luego meter por las agallas los peces que pescábamos para los gatos en la presa; buscar melucas para los anzuelos y trocearlas, ¡qué asco me daba! Al salir de misa jugábamos a carreras por sus bordes y, a veces, algún rapacín metía por uno de los dos caños una rana y lo atascaba ¡Qué bronca de las señoras del pueblo a todos! ¡Y cómo perseguíamos el calcetín o pañuelo que se iba de un estanque al otro cuando ellas lavaban! Otras veces lavábamos en el agua helada del reguero al lado de casa de &#8220;Teresa la Amapola&#8221; y &#8220;Vito Triguero&#8221;, y corríamos veloces aguas abajo para &#8220;atropar&#8221; lo que fuera antes de que se lo llevase Dios sabe dónde la fuerza de la corriente. Y si teníamos sed, bebíamos sin miedo, haciendo una cruz con el dedo, diciendo este encantamiento: &#8220;por aquí pasa Dios, por aquí una culebra, que sea bendita el agua que yo me beba&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify"><a href="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2018/04/IMG_945420013437-lavando-en-el-reguero1.jpeg"><img class="alignnone size-medium wp-image-371" alt="IMG_945420013437 lavando en el reguero" src="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2018/04/IMG_945420013437-lavando-en-el-reguero1-300x300.jpeg" width="300" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: justify">Me acuerdo que pasábamos el puentecillo sobre su charca para ir al colegio y, también a diario, recuerdo saltar por las piedras de aquel sendero de años, sorteando el agua y el barro, hasta llegar an cá Nati, la del panadero, y doblar su esquina para ver ya la escuela al pie de las eras. ¡Cuántas veces nos inclinábamos peligrosamente sobre aquella laguna verdosa para alcanzar un lirio amarillo o violeta y hacer con él un &#8220;pollito&#8221;! ¡Cuántas veces perseguimos las ranas, las culebras de agua o alguna libélula! ¡O hicimos arcos sobre la superficie del agua tirando rasa una piedra bien plana, o círculos concéntricos tirándola a plomo! ¡Cuántas veces observábamos absortos a los &#8221; zapateros&#8221; deslizándose sobre el agua  como por arte de magia!</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo a mi padre pasando esa charca de debajo del lavadero, con el tractor, las gradas, y el caballo atado a éstas, al paso, sin prisa, para ir a las tierras; y a Trosky, el perro de Ludi, ladrando, al pie de su casa, y yo, gritarle: ¡&#8221;chito, marcha&#8221;, que me tiras de la bicicleta, anda!</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo, más abajo del lavadero, el pozo &#8220;la barrera&#8221;, justo antes del cementerio, cubierto de juncos y espadañas que ocultaban un secreto: una ciénaga, aguas movedizas que habían sepultado a más de una vaca o caballo. Mi hermano se hundió  allí una vez hasta el pecho y por suerte fue rescatado, pero vaya ahogo le da desde entonces el agua&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">Al ir al colegio seguíamos distintos senderos. Tirábamos a los regueros de detrás de las casas trozos de ladrillo con agujeros y, a la vuelta, los sacábamos con cuidado y los volcábamos sobre las cembas: ¡ siempre salían cangrejos que llevábamos contentos a casa! Alguno se nos escapaba, y contemplábamos la nube de fango que levantaba huyendo hacia atrás, escondiéndose en el barro del fondo: ¡la próxima vez será!</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo que había un balde enorme de zinc al pie del grifo del patio. Era donde mi madre echaba &#8220;a ablandar&#8221; las gasas de mi hermana cuando yo tenía 5 años escasos. El invierno de entonces sí que era duro: de las veras del corredor que daban al patio colgaban por la mañana chupiteles de hielo bien largos. Para llevar aquellas gasas a lavar al lavadero, levantaba bien temprano con mis maninas un buen &#8220;redondel&#8221; de carámbano que era como mi puño de gordo. En ese mismo barreño de zinc era donde al solecín del invierno o verano, nos lavaba mi madre a todos los hermanos. Aún no había lavadora, y hasta poco después, ni cuarto de baño. Eso sí, una cuadra para las vacas, otra para los burros y el caballo, cochiquera y gallinero para gallinas y &#8220;curros&#8221;. Bodega, panera, un gran pajar, y un gran corredor para los frutos del huerto y del campo. Lo más importante, asegurar el pan de cada día. Nada de lujos, así me he criado.</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo ir a la era, tras de casa, y a mi tío Eladio decirme, desde la suya, a modo de saludo: &#8220;¿mosquita, vas &#8220;tendir&#8221; la ropa?&#8221;  Y dejarla &#8220;al sereno&#8221; tras darle jabón, y que un perro del pastor le llevara un calcetín a mi madre, y los baños en el canal de riego cuando mi abuelo regaba la era, &#8230; También iba con mi abuela a lavar y rallar al reguero las tripas del cerdo, para hacer los chorizos. Pero estas son otras historias. Da para otro cuento.</p>
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		<title>Recuerdos de la &#8220;siega del pan&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Mar 2018 21:55:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas y Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[OmaLuna]]></category>
		<category><![CDATA[pueblo]]></category>
		<category><![CDATA[Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[segar]]></category>

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		<description><![CDATA[Una casa de trece personas, hoy casi vacía, yerma de risas y de voces graves de hombres labradores. Al contemplar ese patio, aún creo oír el repiqueteo del martillo del abuelo sobre la hoja del gadaño,  acompasado, igual que el vuelo de la herramienta en sus manos o en las mías, zis- zas, a ras, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Una casa de trece personas, hoy casi vacía, yerma de risas y de voces graves de hombres labradores. Al contemplar ese patio, aún creo oír el repiqueteo del martillo del abuelo sobre la hoja del gadaño,  acompasado, igual que el vuelo de la herramienta en sus manos o en las mías, zis- zas, a ras, pero sin chocar ni con los cantos ni con el terreno, para evitar su mella.</p>
<p style="text-align: justify">Un marallo, dos, tres&#8230; hasta acabar la faena. Las mujeres detrás con pañuelo blanco y sombrero de paja, los niños persiguiendo saltamontes y descubriendo niales de codornices y, si acaso, una liebre despistada que huye, veloz, por los linderos alante hacia la Campaza.</p>
<p style="text-align: justify"><a href="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2018/03/DQmWs1dWZC6fpMgyRxcXYSM3cz9YZD9nUhSbbvbr1C37muf_1680x8400.jpeg"><img class="alignright size-medium wp-image-321" alt="DQmWs1dWZC6fpMgyRxcXYSM3cz9YZD9nUhSbbvbr1C37muf_1680x8400" src="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2018/03/DQmWs1dWZC6fpMgyRxcXYSM3cz9YZD9nUhSbbvbr1C37muf_1680x8400-300x225.jpeg" width="300" height="225" /></a></p>
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">Rastrillan sin ganas,  pierden los dientes de madera de los rastros pequeños que a ellos les dejan,  los cincan mucho en la tierra. Recogen espigas hermosas de trigo dorado de caña alta; las degranan con esmero, quitando la argaña.  Con él, tras masticar mucho, mucho,  sale una pasta gomosa: su chicle de &#8220;pobres &#8220;.</p>
<p style="text-align: justify">Las mujeres,  mientras tanto, hacen las garañuelas con  pajas largas que sacan de los marallos, las retuercen  y atan los menojos de trigo, cebada o centeno. Los hombres, tras ellas,  van amorenando y al mediodía, al tañir de la campana del pueblo,  se sientan todos en concejo a la sombra de la morena, y sacan del serón de paja huevos duros con pimentón de la Vera,  escabeche de tino con cebolla, tocino del puchero y pan oscuro masado en casa,  con  el mimo de quien sabe lo que hereda, lo que guarda en sus manos y en su memoria para el que tras él llega, para que pueda por sí mismo valerse en esta tierra.</p>
<p style="text-align: justify">María Pérez Martínez (Omaluna)</p>
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		<title>Rafael und María</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Mar 2015 14:01:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas y Recuerdos]]></category>
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		<description><![CDATA[Entvölkernde Dörfer, entgleitendes Leben. Ehemals, Belebtheit in den Häusern, heute ist zu viel Ruhe. Dürre Hände und trübe Sicht. Damals, flinke und kräftige Hände, heute schon knorrig, wie Weinranken, heute schon zitterig, wie Blätter im Wind. Die Straße hinauf: hager sein Körper, Sense auf der Schulter, mit ausstrahlender Seelenruhe und langsamen Schritte kommt er immer [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify"><a href="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2015/03/depositphotos_42748301-stock-photo-old-hands.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-346" alt="depositphotos_42748301-stock-photo-old-hands" src="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2015/03/depositphotos_42748301-stock-photo-old-hands-300x300.jpg" width="300" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: justify">Entvölkernde Dörfer,</p>
<p>entgleitendes Leben.</p>
<p>Ehemals, Belebtheit in den Häusern,</p>
<p>heute ist zu viel Ruhe.</p>
<p>Dürre Hände und trübe Sicht.</p>
<p>Damals, flinke und kräftige Hände,</p>
<p>heute schon knorrig,</p>
<p>wie Weinranken,</p>
<p>heute schon zitterig,</p>
<p>wie Blätter im Wind.</p>
<p>Die Straße hinauf:</p>
<p>hager sein Körper,</p>
<p>Sense auf der Schulter,</p>
<p>mit ausstrahlender Seelenruhe</p>
<p>und langsamen Schritte</p>
<p>kommt er immer an.</p>
<p>Es gibt keine Eile.</p>
<p>Die Abenddämmerung ist schon da.</p>
<p>Es gibt noch Zeit.</p>
<p>Güte auf seinem Gesicht,</p>
<p>gelassene Worte,</p>
<p>Ratschläge von Alten,</p>
<p>die mir immer bleiben,</p>
<p>die mir immer helfen,</p>
<p>die mir wichtig sind.</p>
<p>Und er dreht sich um:</p>
<p>&#8220;Gesundheit um sie großzuziehen!&#8221;</p>
<p>Auf meine Töchter hindeutet er.</p>
<p>Entgleitendes Leben,</p>
<p>sterbende Dörfer.</p>
<p>Auf wiedersehen Rafael!</p>
<p>Auf wiedersehen María!</p>
<p>María Pérez Martínez (Omaluna)</p>
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		<title>Recuerdos otoñales</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Oct 2014 09:27:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas y Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[OmaLuna]]></category>
		<category><![CDATA[Abuelos]]></category>
		<category><![CDATA[castañas]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[otoño]]></category>

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		<description><![CDATA[En mi último paseo del verano, los árboles de la chopera ya comenzaban a vestirse de otoño y una lluvia de corazones amarillos cubrían la pradera. Según  iba pisando las flores de los castaños, que tapizaban el suelo, saltaban los saltamontes por doquier. Y en derredor aún cantaban grillos y chicharras. Un abejorro de alas [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">En mi último paseo del verano, los árboles de la chopera ya comenzaban a vestirse de otoño y una lluvia de corazones amarillos cubrían la pradera. Según  iba pisando las flores de los castaños, que tapizaban el suelo, saltaban los saltamontes por doquier. Y en derredor aún cantaban grillos y chicharras. Un abejorro de alas azul tornasol libaba el néctar de las flores amarillas de un cardo y revoloteaban a su lado una abeja, varias avispas y una mariposa. Y al llegar al Teso, encontré cobertura, en la piedra de siempre, sin que me picase nada, y sin que me lamiera los pies como la otra vez, un pastor aleman, no sé de quién.</p>
<p style="text-align: justify">Bajo los castaños del Teso me vino a la memoria la imagen de mi abuelo cortando leña a la puerta del huerto para el invierno. Recordé el ademán de sus dedos arrugados, pero aún firmes, rajando con parsimonia, una a una, las castañas que nos traía mi tía del Bierzo. Y me acordé de que siempre lográbamos birlarle alguna y la poníamos entera entre las del montón ya abiertas. Después, mi abuelo las depositaba sobre la chapa de la cocina de carbón para que se asasen. Las colocaba bajo una gran cobertera roja que movía de vez en cuando. Mientras, los nietos esperábamos pacientes a que estallase la que le habíamos colado. ¡Pumba!, y ¡todo lleno de harina de castaña! Mi abuelo no se enfadaba, yo creo que lo esperaba. A lo sumo soltaba un ¡coime! o un ¡vaya por Dios!</p>
<p style="text-align: justify">A veces el olor a castaña se mezclaba con otro aroma inconfundible de este tiempo: el de las manzanas asadas. Unas cuantas, con agua y azúcar en su corazón, burbujeaban sobre las bandejas superiores del horno. Y en la de más abajo: aquellas tres planchas de hierro tan bonitas de mi abuela. Y tras ellas, al fondo, unos trozos cuadrados de ladrillo refractario. Mi abuela había hecho unas bolsitas de trapo muy amorosinas en las que nos metía un ladrillo a cada uno al darle las buenas noches. Así nos podíamos calentar los pies, pues en aquel tiempo no siempre era bastante poner un &#8220;cobertor&#8221; o dos en la cama.</p>
<p style="text-align: justify">También recordé como mi abuela perseguía y atrapaba certeramente las últimas moscas refugiadas al calorcito de la cocina. Ésta, bien atizada, bufaba que se la llevaban los mismísimos demonios. No se andaba con miramientos: ¡zass!, y hala, ¡a parar encima de la chapa encendida! Después de dejarlas dar vueltas unos instantes sobre sí mismas produciendo aquel zumbido característico, mi abuela las empujaba con el gancho hasta el agujerito de las corras e iban a parar a la lumbre. Yo contemplaba absorta siempre esa escena, como aguardando a que alguna lograse huir de aquella tortura con la que mi abuela parecía disfrutar.</p>
<p style="text-align: justify"><img class="wp-image-273   alignleft" style="border: 5px solid black;margin: 5px" title="José F. Arillo" alt="IMG_8412688018818" src="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8412688018818.jpeg" width="300" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify">Era en aquellos anocheceres largos, cuando peleando por ocupar las rodillas de mi abuelo, nos sentábamos a su vera y él nos relataba aquellos cuentos tan bonitos de &#8221; Nicolasín y Nicolasón&#8221;, &#8220;Los dos amigos&#8221;, &#8221; María la encernadada&#8221;, &#8221; El astrólago de la corte&#8221;, &#8221; Bertoldo&#8221;, &#8220;El caballo volador&#8221;, &#8220;El médico y la muerte&#8221;&#8230; y los pasajes del libro de Carlomagno, que se sabía de memoria. Y qué paciencia tenía, que sólo se enfadaba si le tirábamos del mocho de la boina, porque se la estropeábamos, y es que ¡¡la boina era sagrada!!</p>
<p style="text-align: justify">Como dice un amigo mío, juglar en estos tiempos: ¡hay que &#8220;escuchar a los viejos&#8221;! Mis abuelicos y mis tíos-abuelos se me fueron ya, y me dejaron huérfana de historias y, mi padre, que tanto tendría que contar a sus 80, pues no quiere contar, por más que yo le &#8220;embisco&#8221; a las nietas&#8230; Quién sabe, lo mismo un día se le suelta la lengua (que a alguien saldré yo en lo de hablar por los codos), y les habla de recuerdos, de cuando jugaba con el aro de la bicicleta por las calles de piedras y barro, de cuando hacía tapiales, iba a segar al monte, hacían cestos de mimbre para la vendimia,  iba al molino del &#8220;ti Fanego&#8221; o al del &#8220;ti Soles&#8221;a moler,  o de cuando se metía en la galería de la casa de mi bisabuelo a leer los libros de un baúl que hablaban de Carlomagno y los 12 pares de Francia, del bálsamo de Fierabrás, de la puente de Mantible, del rey Clovis, de Floripes, de Fierabrás de Alejandría, de Roldán y su espada Durandarte, de Oliveros, del almirante Balán .. Aún sin estudios, mi padre me recitaba pasajes de la Ilíada o la Odisea cuando pequeña. Pero nada, que ahora no le da más gana. Y hay que respetarlo, pero sobre todo lo siento por mis enanas, porque yo tuve un abuelo que todas las noches &#8220;nos contaba&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify">Y recuerdo que yo hacía mis tareas, y mi abuela, que fue huérfana desde bien chica y la hermana mayor de entre muchos hermanos; que sólo pudo ir a la escuela algún día de invierno en que su hermano picaba las berzas y le daba licencia; que no pasó de la lección de los palotes pero que aprendió sola a echar algunas cuentas, y a leer y a escribir con  &#8220;El Silabario&#8221; y &#8220;La buena Juanita&#8221;,&#8230; mi abuela, me corregía mis láminas de dibujo con ojo clínico y me sacaba todas las falta. Y mi abuelo me explicaba la regla del &#8220;interés compuesto&#8221; y me revisaba las sumas.</p>
<p style="text-align: justify">A menudo, por este tiempo, al atardecer, llegaba a casa alguna de las hermanas chicas de mi abuela.  Lo primero, dejaban las galochas a la puerta de la calle, pues a casa se entraba en zapatillas. Traían siempre golosinas, nueces o avellanas en los bolsillos de la saya, debajo del mandil. Nosotros rebuscábamos hasta dar con el contenido de la &#8220;faltriquera&#8221; y aquella amorosa cocina se llenaba de historias, besos, &#8220;mordiscos&#8221; y risas.</p>
<p style="text-align: justify">Lo que daría por volver a mi niñez, a esos recuerdos, y a compartir de nuevo aquellas tardes del domingo con una de esas tías mías, que me llevaba de paseo por el campo ya sin fruto, montada con ella en su borrico (un borrico traicionero, que alguna vez me tiró al reguero). Después de la escuela, muchos días, cuando aún no había llegado el crudo invierno, me colaba en su casa vieja, la de mis bisabuelos, y me quedaba a ayudar en la tarea que fuera. Tengo grabados en la memoria: el pozo en el fondo del cual aún había cangrejos y su huerto lleno de flores, tiestos, frutas y unas calabazas chiquitas con el nombre rayado de cada sobrino-nieto. Me acordaré siempre del olor intenso de su lagar tras la vendimia y del olor a humo de su cocina vieja. Con mi tía, yo que soy y era muy &#8220;panosica&#8221;, amasaba aquellas hogazas de corteza dura, churruscadina, de miga y agujeros, hechas con el hurmiento que se pasaban las vecinas. Recuerdo aquel rico pan con tocino recién sacado del cocido, o mojado en la sustancia del pote, o con agua y azúcar, o con una buena capa de nata, o incluso con ajo machacadito encima&#8230; Y entre medias de amasando y arrojando el horno,  yo aprendí a bailar la jota con mi tía querida, ¡con olor a pan y olor a uva!</p>
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		<title>¡Adiós vecino, adiós!</title>
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		<pubDate>Mon, 05 May 2014 23:14:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas y Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[OmaLuna]]></category>
		<category><![CDATA[Rafael]]></category>
		<category><![CDATA[Riofrío]]></category>
		<category><![CDATA[vecino]]></category>

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		<description><![CDATA[Se van vaciando los pueblos, se va escapando la vida. Otrora, moradas bulliciosas, hoy silencio en demasía. Se van secando las manos y enturbiando las miradas. Manos robustas y ágiles antaño, hoy temblorosas y nudosas, cual sarmientos de la viña. Subiendo la calle del Teso, enjuto su cuerpo, guadaña en el hombro, no hay prisa, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2014/05/40896284-hand-of-a-old-man-holding-a-cane.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-349" alt="40896284-hand-of-a-old-man-holding-a-cane" src="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2014/05/40896284-hand-of-a-old-man-holding-a-cane-300x199.jpg" width="300" height="199" /></a></p>
<p>Se van vaciando los pueblos,<br />
se va escapando la vida.<br />
Otrora, moradas bulliciosas,<br />
hoy silencio en demasía.</p>
<p>Se van secando las manos<br />
y enturbiando las miradas.<br />
Manos robustas y ágiles antaño,<br />
hoy temblorosas y nudosas,<br />
cual sarmientos de la viña.</p>
<p>Subiendo la calle del Teso,<br />
enjuto su cuerpo,<br />
guadaña en el hombro,<br />
no hay prisa, aún hay tiempo,<br />
la tarde cayendo.</p>
<p>Bondad en la cara,<br />
el habla pausada,<br />
consejos,<br />
palabras de anciano:<br />
nunca sobran,<br />
siempre ayudan,<br />
siempre quedan.</p>
<p>Se da media vuelta:<br />
&#8220;salud para criarlas&#8221;,<br />
señala a mis niñas.</p>
<p>Se van muriendo los pueblos,<br />
se va escapando la vida.</p>
<p>¡Adiós Rafael!<br />
¡Adiós María!</p>
<p>María Pérez Martínez (Omaluna)</p>
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		<title>¡Felices Pascuas!</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Apr 2014 23:51:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas y Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[OmaLuna]]></category>
		<category><![CDATA[carracas]]></category>
		<category><![CDATA[Domingo de Ramos]]></category>
		<category><![CDATA[iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[letanías]]></category>
		<category><![CDATA[oficio de tinieblas]]></category>
		<category><![CDATA[panadero]]></category>
		<category><![CDATA[Pascua]]></category>
		<category><![CDATA[Semana Santa]]></category>

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		<description><![CDATA[Oí frecuentemente este saludo por Pascua cuando niña y siendo menos niña. Con él vienen a mi memoria el tiempo de Semana Santa, de vacaciones y de reencuentro de las familias en el pueblo. También el olor a incienso y la visita al &#8220;Monumento&#8221; en la iglesia; la procesión a la ermita cantando el &#8220;Rosario de la buena [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Oí frecuentemente este saludo por Pascua cuando niña y siendo menos niña. <span style="line-height: 1.5em">Con él vienen a mi memoria el tiempo de Semana Santa, de vacaciones y de</span><span style="line-height: 1.5em"> reencuentro de las familias en el pueblo. También el olor a incienso y la visita al </span><span style="line-height: 1.5em">&#8220;Monumento&#8221; en la iglesia; la procesión a la ermita cantando el &#8220;Rosario de la buena muerte&#8221;,  y una vez allí, el cántico de las 5 llagas y otras letanías propias del tiempo de Pasión. No faltaba nadie a la cita del coro: Filomena, Encarna, Teresa, Lola, Jovita, Catalina, Ángeles, Tilina, la ti María, Charo, Titas y Pepi, Araceli, Toña, Paulina, la otra Lola, Leonor, Lucinda, Coles, Felisa,&#8230; Al</span> final, nos daba D. Miguel, el cura, las gracias a todos y pasábamos a visitar las tumbas de los seres queridos en el cementerio.</p>
<p style="text-align: justify"><span style="line-height: 1.5em">Hoy he recordado uno de los cánticos de las Llagas , porque de las otras mezclo las estrofas: &#8220;Por la del costado abierto, que muerto la lanza abrió, sea mi seguro puerto y haced que no tenga yo, que sentir después de muerto&#8221;.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="line-height: 1.5em">(He encontrado un enlace en el que vienen las 5 como las cantamos en mi pueblo, aunque falta alguna más, como por ejemplo la de la frente: </span><span style="line-height: 1.5em">http://acacia.pntic.mec.es/jror0018/paginas/llagas.htm )</span></p>
<p style="text-align: justify">De aquel tiempo, recuerdo unas carracas de madera que teníamos mi hermana y yo, de unos cuatro palmos de alto, una ancha y otra estrecha, hechas por algún familiar carpintero. ¡Qué estruendosas eran! Nunca más las volví a ver por casa, ¡qué pena! ¡Casi seguro que acabaron en la lumbre, igualito que la rueca y lo que equivocadamente llamábamos &#8220;telares&#8221;!</p>
<p style="text-align: justify">Contaba mi abuela que cuando ella era pequeña, había un &#8220;oficio de tinieblas&#8221; en la iglesia, ya no recuerdo cuándo, sospecho que de Jueves a Viernes Santo, al que críos y mozos llevaban sus carracas y metían tal ruido con ellas con la iglesia a oscuras que ¡miedo daba! El ruido ensordecedor aparecía cuando el cura leía el pasaje bíblico en que se desgarraba el velo del templo y, a continuación, apagaba la última palmatoria, quedando la iglesia a oscuras. En concreto, mi abuela decía que &#8220;oíanse los quejidos y lamentos de las ánimas del purgatorio&#8221;. Y mi madre dice que aprovechaban para picar con los alfileres que llevaban convenientemente preparados a las mujeres que tuvieran delante!</p>
<p style="text-align: justify">(Aquí os dejo un enlace por si queréis saber un poco más, es de la página de Ferreras, bien interesante, por cierto:</p>
<p style="text-align: justify"><span style="line-height: 1.5em">http://www.ferrerillos.es/oficios-de-tinieblas.html )</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="line-height: 1.5em">Recuerdo también a mi abuelo decirme algo así como que &#8220;Dios castiga a quien trabaja en Viernes Santo&#8221;. Así estaba yo tal tarde: sentadina tan contenta, cosiendo un trapito para las muñecas a la puerta de la calle, viendo pasar los coches por la carretera y esperando que llegase la hora de los Oficios para bajar por el Camino del Monte al pueblo. ¡Qué pesar me entró cuando mi abuelo me dijo aquello! La impronta que me dejaron la frase y la situación fue que debía obedecer a mi abuelo y no trabajar en ese día, nada de nada. Aparte de los tres días que relumbran más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión. No se me olvida, no. Y siempre me recordaba mi abuelo que como mi padre no hacía caso de ello, siempre tenía algún contratiempo trabajando en esos días de precepto. Oye, que era verdad: o se le averiaba el tractor, o se le rompía el arado&#8230; pero ¡qué iba a hacer el hombre, si no le llegaba el tiempo para todo y tenía seis lebreles que alimentar!</span></p>
<p style="text-align: justify">Otra cosa que recuerdo son las rosquillas de Pascua hechas por &#8220;Manolo y Rosa, los panaderos&#8221;, personas tan entrañables de mi infancia. Yo siempre le decía a mi madre que me gustaba más el pan de Manolo, y ella nada, se lo compraba a &#8220;Morterina&#8221; y a &#8220;Cabezorra&#8221;, otros panaderos de la Ribera. Por Dios, ¡no había color! Así que yo siempre andaba pidiendo pan a mi abuela del suyo. Desde luego, era el que mejor estaba cuando mojábamos a escondidas una reboja en el cocido, y porque como tenía una miga muy prieta, no se deshacía al mojarlo en el caldo. Muchas veces, cuando acordaba a darse cuenta mi abuela,&#8230; ¡los perillanes ya le habíamos <span style="line-height: 1.5em">dejado los garbanzos sin sustancia para hacer la sopa de fideos!</span></p>
<p style="text-align: justify">También recuerdo que el Domingo de Ramos, mis hermanas y yo siempre estrenábamos un vestido hecho por mi madre. Un vestido de tirantes y &#8220;nido de abeja&#8221;. Y es que de aquella siempre hacía muy bueno por Semana Santa en el pueblo. Y ya se sabía, que &#8221; quien por el Domingo de Ramos no estrena algo, no tiene ni pies ni manos&#8221;. ¿De dónde sacaría mi madre el tiempo para hacernos aquellos vestidos a las tres y pantalones nuevos a mis hermanos? Imagino que robando horas al sueño&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">
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