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	<title>OmaLuna &#187; OmaLuna</title>
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	<description>Recuerdos, vivencias y pensamientos</description>
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		<title>Mis abuelos postizos</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Sep 2020 21:45:22 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy he estado bastante entretenida. La oficina ha sido un constante entrar y salir de &#8220;abuelos&#8221; que venían a &#8220;fichar&#8221;. Me dicen que no pierda tiempo con ellos pero yo no puedo menos que atenderles amablemente como siempre he hecho. Me dicen con sorna &#8220;la amiga de los abuelitos.&#8221; ¡Ya llegarán ellos a viejos! Que si la empresa ha cambiado y que yo debo cambiar&#8230; pues no señor, para ellos son los minutos de ese café, ¡que yo nuncaaaaaa me he tomado! ¡Y yo no voy a cambiar a peor! Nada es perder el tiempo. Yo creo que todo revierte en uno mismo, en el trabajo y como no, en la empresa para la que uno trabaja y a la que uno defiende y representa.</p>
<p>Hay un abuelo, más majo&#8230; todo un caballero de otra época, de verdad. Siempre se despide diciendo &#8220;¡un cariño!&#8221;. Me cuenta que por fin se ha librado hace poco del nieto &#8220;okupa&#8221; de su buhardilla, donde tiene sus papeles y donde puede por fin volver a trabajar, a sus casi 90 años en tantas cosas atrasadas&#8230; Me han dicho que sus clases eran magistrales en la facultad, que nadie faltaba. Me lo creo porque es entrañable, ameno, culto y divertido. ¡Cómo sería en sus mejores tiempos! Sé también que a sus años ha sido el gran apoyo para uno de sus hijos, en una situación bien difícil, que ha estado al pie del cañón y no le ha abandonado cuando lo fácil hubiera sido decir: ya tengo muchos años y es mucha carga para mí.</p>
<p>Y un dentista que pasando de los 90, ahí es nada, pedía a sus hijos y nietos que le enseñarán &#8221; eso del internet&#8221; y como no le hacían ni caso se compró un buen equipo y se apuntó a un curso. ¡Les dejó estupefactos!</p>
<p>Y esa catedrática con una enfermedad degenerativa que me cuenta que son cinco hermanos los que la padecen y que dos han fallecido hace poco. Que me cuenta que ella es la siguiente, que nunca tuvo fe pero que ahora, cerca de la muerte de sus hermanos, busca a ese Dios que antes no veía y que ahora le hace falta.</p>
<p>Hay una chica que se quedó viuda muy joven, con dos hijos pequeños, una disminuida, a la que consolé más de una vez y con la que hable del mundo, de Dios y de Alá. Aún siendo de otra religión está muy contenta de llevar a sus hijos a un colegio religioso pues la atención que reciben de esas monjitas es para ella impagable e inmejorable&#8230;. Y&#8230; también la animé a hacerse &#8220;socia&#8221; nuestra!</p>
<p>Y el poeta banquero constructor topógrafo que volviendo a casa muy chico se encontró a su hermano mayor, al que tanto admiraba, de cuerpo presente y que nunca lo superó, que desde entonces padece del corazón. Me cuenta que fue novio de una actriz famosa a la que escribió preciosas poesías y cartas de las que no tiene copia y son parte de su obra, pero que tras romper, ella se las niega y a veces me declama sus poemas de memoria.</p>
<p>Y los que me suponen un reto son los clientes autoritarios, que fueron de ordeno y mando, pero que con el tiempo y en dosis chiquininas (por aquello de no bajarse del tiesto) de algún modo me transmiten su afecto: &#8220;no estaba Vd. hace unos días&#8221;, &#8220;dígame su horario, que vengo cuando esté Vd.&#8221;</p>
<p>Los hay ausentes, que ya comienzan con el parkinson o que sufren de alzheimer, que volvieron a ser niños y me producen una ternura muy grande, como un veterinario amigo. También el doctor viejito que me encuentro a veces en misa y que en su mundo de olvido aún me recuerda. Claro que ya, aquellas cosas que me contaba sobre sus artículos y el llegar a la oficina con la bolsa del pan y empeñarse en darme las vueltas de propina para mis niñas, eso ya sólo una lo recuerda.</p>
<p>Los hay distantes y un poco soberbios (los menos) como ese médico militar que me dice que no sé cortar, que &#8220;le dé a él la tijera, que cortó mucha cosa como cirujano militar y que tengo que aprender&#8221;, que aún con esa coraza es capaz de pararme por la calle para pedirme disculpas por las palabras del día anterior. Ya hemos hecho migas con el tiempo.</p>
<p>Otros me cuentan sus penas por un hijo que con premio fin de carrera no se &#8220;coloca&#8221; o ese desengaño de amor de &#8220;viejo&#8221;; y ese médico leonés, alto y &#8220;arrogante&#8221; según mi abuela, que cuando estaba embarazada se despidió de mí de mentirijillas y regresó a la oficina con un precioso ramo de flores azules porque no pudo más, porque le emocioné con mi ilusión de madre primeriza y le recordé a su esposa cuando estaba &#8220;esperando&#8221;. Parte de esas flores azules las tengo en una pequeña urna de cristal en el rellano de la escallera y , lo que él no sabe, es que siempre que las veo, le &#8220;pienso&#8221; y veo sus enormes ojos azules y su inmensa sonrisa un poco &#8220;pilla&#8221;.</p>
<p>Y esa cordobesa coqueta que siempre va a la última, que me enseña todas las fotos de sus nietos cada vez que viene y un día me contó sus seis partos con pelos y señales &#8220;para animarme&#8221; porque yo estaba &#8220;esperando&#8221;.</p>
<p>Otros se sorprenden de que recuerde su nombre y apellidos y el de su esposa, su profesión, &#8230; y se sienten halagados. Luego está ese veterinario que me hace ranas, bailarinas y corazones de papiroflexia con los folletos y un doctor que siempre me invita a un café que nunca le puedo aceptar, porque no puedo irme de la oficina, y se va dándome un gran abrazo y dos besos. Recuerdo el día que lloró porque su hijo me trató fatal. Un hombrón con un corazón enorme. Tengo pendiente ese café para charlar de música con él, a ver si me cuenta algo de la &#8220;Misa Pastorela&#8221;, que si no sabe él, entonces ¿quién? Quizás uno de estos días, cuando venga a ver a la que dice su &#8220;pandilla&#8221;: los santitos de la iglesia de enfrente&#8230;</p>
<p>Y me falta un militar, que no me entró con buen pie cuando nos conocimos pues no se le ocurrió otra cosa que decirme que había sido médico en el Ferral y que León era feísimo! Me hablaba de cuando las cocheras de Fernández hace ya 50 años. Arreglado el desencuentro hasta nos hemos hecho amigos pero este año no sé si vendrá a verme, ya el año pasado se desorientaba y llegaba siempre a verme sin el papel que le había pedido.¡Qué pena me da verles envejecer!</p>
<p><a href="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2020/09/IMG-20200904-WA0065.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-379" alt="IMG-20200904-WA0065" src="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2020/09/IMG-20200904-WA0065-300x300.jpg" width="300" height="300" /></a></p>
<p>Hoy otro médico me ha contado cuánto se habían querido él y su esposa, que falleció en seis meses, bien joven. Con qué fortaleza siguió atendiendo a su familia durante ese tiempo, le enseñó a hacer todas las labores de casa para cuando ella faltara, como ponía la lavadora antes de irse al hospital y recogía la ropa cuando volvía a los 4 días tras el tratamiento. Cómo le dijo al sacerdote que moría pero que había sido muy feliz y como esos seis meses de enfermedad de su esposa le hicieron de ahí en adelante tener siempre presente y ver a la persona y a la familia en vez de únicamente al enfermo, echando lo que fuere menester en atenderle y ayudarle en todos los sentidos, fuese la cola de la consulta lo larga que fuese.</p>
<p>Y por último, hoy he conocido a un &#8220;viejito&#8221; que no conocía, al que nada más entrar vi triste. Me pidió una fotocopia del carnet y se la hice y recorté. Me dió las gracias y me dijo que cuánto era. Le dije que nada, por Dios, que en todo caso, una sonrisa. Y&#8230; se me echó a llorar. Me dijo que había muerto su esposa hacía poco, lo que más quería, que no lo superaba y se escondía para llorar porque no quería que su hijo y su nieta le viesen. Me pidió perdón por el atrevimiento y tuve que cogerle la mano muy fuerte y estrechársela. Cuando le acompañé a la puerta no pude hacer otra cosa que darle un abrazo. Creo que lo necesitaba.</p>
<p>Lo que más pena me da es que mis compañeros me ven rara y dicen que pierdo el tiempo con ellos. ¿No será que ellos han perdido el corazón en algún rincón?</p>
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		<title>El lavadero de mi pueblo</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Apr 2018 19:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas y Recuerdos]]></category>
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		<category><![CDATA[Lavadero]]></category>
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		<category><![CDATA[Reguero]]></category>

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		<description><![CDATA[Recuerdo lavar con mi madre, mi abuela o mis tías en el lavadero del pueblo. Vienen a mi memoria la suavidad del cemento desgastado, el sonido al golpear y &#8220;torcer&#8221; la ropa sobre la piedra; mi tablita de madera, los carretillos, los barreños de zinc y las cestas; las manos ateridas y picadas de mi [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Recuerdo lavar con mi madre, mi abuela o mis tías en el lavadero del pueblo. Vienen a mi memoria la suavidad del cemento desgastado, el sonido al golpear y &#8220;torcer&#8221; la ropa sobre la piedra; mi tablita de madera, los carretillos, los barreños de zinc y las cestas; las manos ateridas y picadas de mi madre, que a veces lavaba con unos guantes blancos de tela; el vapor del chorro del caño en invierno, el silbo del viento, la brisa y el sol en la cara. Mujeres con sayas, mandiles, pañuelos a la cabeza y sombreros de paja. ¡Y es que el lavadero de mi pueblo no estaba &#8220;a la abrigada&#8221;, como otros!</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo &#8220;tendir&#8221;  al sol la ropa lavada o enjabonada sobre aquella pradera al lado de la iglesia. Y aquellos panales de jabón que aún hacemos a veces en casa, su blancura, el olor a sosa y grasa derretida de cerdo en la olla sobre la chapa de la cocina de carbón, y el corte untuoso y a ojo en el molde alargado de tabla&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo coger espadañas y ponerme perdida la ropa pelando las &#8220;macetas&#8221;; arrancar juncos al lado del caño y cortarme; hacer con ellos aros trenzados para luego meter por las agallas los peces que pescábamos para los gatos en la presa; buscar melucas para los anzuelos y trocearlas, ¡qué asco me daba! Al salir de misa jugábamos a carreras por sus bordes y, a veces, algún rapacín metía por uno de los dos caños una rana y lo atascaba ¡Qué bronca de las señoras del pueblo a todos! ¡Y cómo perseguíamos el calcetín o pañuelo que se iba de un estanque al otro cuando ellas lavaban! Otras veces lavábamos en el agua helada del reguero al lado de casa de &#8220;Teresa la Amapola&#8221; y &#8220;Vito Triguero&#8221;, y corríamos veloces aguas abajo para &#8220;atropar&#8221; lo que fuera antes de que se lo llevase Dios sabe dónde la fuerza de la corriente. Y si teníamos sed, bebíamos sin miedo, haciendo una cruz con el dedo, diciendo este encantamiento: &#8220;por aquí pasa Dios, por aquí una culebra, que sea bendita el agua que yo me beba&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify"><a href="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2018/04/IMG_945420013437-lavando-en-el-reguero1.jpeg"><img class="alignnone size-medium wp-image-371" alt="IMG_945420013437 lavando en el reguero" src="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2018/04/IMG_945420013437-lavando-en-el-reguero1-300x300.jpeg" width="300" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: justify">Me acuerdo que pasábamos el puentecillo sobre su charca para ir al colegio y, también a diario, recuerdo saltar por las piedras de aquel sendero de años, sorteando el agua y el barro, hasta llegar an cá Nati, la del panadero, y doblar su esquina para ver ya la escuela al pie de las eras. ¡Cuántas veces nos inclinábamos peligrosamente sobre aquella laguna verdosa para alcanzar un lirio amarillo o violeta y hacer con él un &#8220;pollito&#8221;! ¡Cuántas veces perseguimos las ranas, las culebras de agua o alguna libélula! ¡O hicimos arcos sobre la superficie del agua tirando rasa una piedra bien plana, o círculos concéntricos tirándola a plomo! ¡Cuántas veces observábamos absortos a los &#8221; zapateros&#8221; deslizándose sobre el agua  como por arte de magia!</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo a mi padre pasando esa charca de debajo del lavadero, con el tractor, las gradas, y el caballo atado a éstas, al paso, sin prisa, para ir a las tierras; y a Trosky, el perro de Ludi, ladrando, al pie de su casa, y yo, gritarle: ¡&#8221;chito, marcha&#8221;, que me tiras de la bicicleta, anda!</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo, más abajo del lavadero, el pozo &#8220;la barrera&#8221;, justo antes del cementerio, cubierto de juncos y espadañas que ocultaban un secreto: una ciénaga, aguas movedizas que habían sepultado a más de una vaca o caballo. Mi hermano se hundió  allí una vez hasta el pecho y por suerte fue rescatado, pero vaya ahogo le da desde entonces el agua&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">Al ir al colegio seguíamos distintos senderos. Tirábamos a los regueros de detrás de las casas trozos de ladrillo con agujeros y, a la vuelta, los sacábamos con cuidado y los volcábamos sobre las cembas: ¡ siempre salían cangrejos que llevábamos contentos a casa! Alguno se nos escapaba, y contemplábamos la nube de fango que levantaba huyendo hacia atrás, escondiéndose en el barro del fondo: ¡la próxima vez será!</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo que había un balde enorme de zinc al pie del grifo del patio. Era donde mi madre echaba &#8220;a ablandar&#8221; las gasas de mi hermana cuando yo tenía 5 años escasos. El invierno de entonces sí que era duro: de las veras del corredor que daban al patio colgaban por la mañana chupiteles de hielo bien largos. Para llevar aquellas gasas a lavar al lavadero, levantaba bien temprano con mis maninas un buen &#8220;redondel&#8221; de carámbano que era como mi puño de gordo. En ese mismo barreño de zinc era donde al solecín del invierno o verano, nos lavaba mi madre a todos los hermanos. Aún no había lavadora, y hasta poco después, ni cuarto de baño. Eso sí, una cuadra para las vacas, otra para los burros y el caballo, cochiquera y gallinero para gallinas y &#8220;curros&#8221;. Bodega, panera, un gran pajar, y un gran corredor para los frutos del huerto y del campo. Lo más importante, asegurar el pan de cada día. Nada de lujos, así me he criado.</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo ir a la era, tras de casa, y a mi tío Eladio decirme, desde la suya, a modo de saludo: &#8220;¿mosquita, vas &#8220;tendir&#8221; la ropa?&#8221;  Y dejarla &#8220;al sereno&#8221; tras darle jabón, y que un perro del pastor le llevara un calcetín a mi madre, y los baños en el canal de riego cuando mi abuelo regaba la era, &#8230; También iba con mi abuela a lavar y rallar al reguero las tripas del cerdo, para hacer los chorizos. Pero estas son otras historias. Da para otro cuento.</p>
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		<title>Raigaños y ancinas/Wurzeln und Steineichen</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Mar 2018 00:44:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OmaLuna]]></category>
		<category><![CDATA[Vivencias]]></category>
		<category><![CDATA[encinas]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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		<description><![CDATA[RAIGAÑOS Y ANCINAS Dende siegros, la trasmisión del saber fízose de padres a fiyos nos filandones, calechos, seranos&#8230; a la lluz de los candiles y las estreillas. Nun se trasmitían conocimientos práuticos y cultura tradicional numás, senon la pertenencia a la comunidá y a la tierra que-yes daba sustentu y mediu de vida a quienes [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div><a href="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2018/03/FB_IMG_15221943031281.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-361" alt="FB_IMG_1522194303128" src="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2018/03/FB_IMG_15221943031281-300x199.jpg" width="300" height="199" /></a></div>
<div></div>
<div></div>
<div><a href="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2018/03/FB_IMG_1522194298148.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-360" alt="FB_IMG_1522194298148" src="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2018/03/FB_IMG_1522194298148-300x199.jpg" width="300" height="199" /></a></div>
<div></div>
<div><strong>RAIGAÑOS Y ANCINAS</strong></div>
<div>
<div></div>
<div style="text-align: justify">Dende siegros, la trasmisión del saber fízose de padres a fiyos nos filandones, calechos, seranos&#8230; a la lluz de los candiles y las estreillas. Nun se trasmitían conocimientos práuticos y cultura tradicional numás, senon la pertenencia a la comunidá y a la tierra que-yes daba sustentu y mediu de vida a quienes la habitaran dende siegros tamién. Nas últimas décadas frayouse esta cadena de trasmisión pola migración a las ciudaes, espobrándose los nuesos puebros. Desti xeitu, la nuesa tierra deixou de proporcionar sustentu a la mayoría de la pobración y quedou esvaciada y esprotexida frenta proyeutos voraces cumu la mina d&#8217;Uranu de Retortillo.</div>
<div style="text-align: justify"></div>
<div style="text-align: justify">Esta poesía fala del que está asociediendo na contorna&#8217;l Campu Charru y recuérdanos que sólu protexemos queillu que astimamos nuesu. Q&#8217;hemos intentar mantener el &#8220;cordón umbilical&#8221; que nos xunce a la nuesa tierra, esti venceyu que pasaba de xeneración en xeneración permiríanos protexela y protexe-lu que somos y heredemos de los nuesos antepasaos.</div>
<div style="text-align: justify"></div>
<div style="text-align: justify">Lleo estas pallabras en llionés, la llingua cuasi esaparcida de los mieus vieyos, una alfaya que tamién se sta perdiendo al empar que&#8217;l nuesu vínculu a la nuesa tierra.</div>
<div></div>
<div>
<div>Baixu un cielu escomanáu,<br />
pintiau d&#8217;estreillas<br />
un tapiz d&#8217;ancinas</div>
<div>cubre la devesa.</div>
<div>Tueiros, copas y fronda,</div>
<div>mil raigaños fondos<br />
abellugan y alimentan.</div>
<div></div>
<div>La lluz y la sulombra</div>
<div>nun xuegu dáncian,</div>
<div>gafedá y friura</div>
<div>un cientu charcas.</div>
<div>Desque pacen ensin priesa</div>
<div>touros, gochos y ouveyas</div>
<div>eillina el sou secañu sacian.</div>
<div></div>
<div>El bris xuxurria</div>
<div>entre fueyas y escayos</div>
<div>un mermuriu de batallas</div>
<div>escuchos de siegros,</div>
<div>de voces ancianas,<br />
de xudos y afanes<br />
d&#8217;hestoria milenaria.</div>
<div></div>
<div>Peru d&#8217;esu: yá nada.</div>
<div>Nin xuxúrrios, nin bris,</div>
<div>nin marmullu l&#8217;augua.<br />
La manu l&#8217;home<br />
inmisericorde<br />
voraz terrecible,<br />
esfrayóu la nuesa calma.</div>
<div></div>
<div>Acábase&#8217;l milagru,</div>
<div>abren violentos la tua entraña.</div>
<div>Arríncante de cuayu,<br />
embúrriante, te tayan,</div>
<div>ráchante y te cargan.</div>
<div>Raigaños muertos alventistate</div>
<div>una murnia maraña.</div>
<div></div>
<div>En sufreiros y ancinas,</div>
<div>azacanáos, ayenos al drama,<br />
bien de paxarines,<br />
alimentan las suas nialadas.</div>
<div>Esconocen, probines,</div>
<div>que estas vidas q&#8217;ntaman,</div>
<div>están yá sentenciadas.</div>
<div></div>
<div>Los tordos riales,</div>
<div>cigüeñas prietas,</div>
<div>agatiadores azules,</div>
<div>los colorines y boubiellas,</div>
<div>picatueiros, ferreiruelos&#8230;</div>
<div>criyan ensin sabere&#8217;l<br />
sou triste destinu.</div>
<div></div>
<div>Esvaciaron las aldeyas,</div>
<div>Yá nun quedan guardas,</div>
<div>nin de las nuesas ancinas,</div>
<div>nin de las nuesas devesas.</div>
<div>El vínculu sagráu</div>
<div>perdiéu la nuesa xente,</div>
<div>guérfana la tierra.</div>
<div></div>
<div>Ensin aqueillos</div>
<div>q&#8217;habitan los llugares,</div>
<div>nun sienten el sou gritu,</div>
<div>y nun lluitan por eilla,</div>
<div>van perdé-l sou xeitu de vida.</div>
<div>Van tener nu sou suelu velenu,</div>
<div>ponzoña nel aire y las auguas:</div>
</div>
<div>Van tener un desiertu!&#8221;</div>
<div></div>
<div>María  Pérez Martínez  (Omaluna)</div>
</div>
<div></div>
<div>
<div>
<p dir="ltr"><strong>WURZELN und STEINEICHEN</strong></p>
<p>Unter unserem Nachthimmel<br />
mit tausenden Sternen besät,<br />
bekleidet ein Wandteppich<br />
aus Stein- und Korkeichen<br />
unsere großartige  Viehweide.</p>
<p>Laub und Zweige,<br />
Baumkronen und Baumstämme,<br />
tausende tief liegende Wurzeln,<br />
schützen und ernähren hier das Leben.</p>
<p>Der Schatten und das Licht<br />
tanzen wie in einem Spiel:<br />
Es gibt Hitze, aber auch Frische.<br />
Auch eine Menge Tümpel.<br />
Ohne Eile grasen die Stiere,<br />
die Schweine,  die Schafe, die  Kühe&#8230;<br />
Und alle durstig dorthin.</p>
<p>Zwischen Dornen und Blättern<br />
murmelt die Brise<br />
ein Geräusch von Schlachten,<br />
hundertjährige Geheimnisse<br />
von bejahrten Stimmen,<br />
von Schweiß und Streben,<br />
von uralter Geschichte.</p>
<p>Aber davon gibt es nichts mehr.<br />
Kein murmelndes Wasser,<br />
keine Brise, keine Geplätscher.<br />
Die Hände der Menschen<br />
vergiften Weiden und Bäche,<br />
zerstören unseren Frieden,<br />
vernichten unsere Gegend.</p>
<p>Das Wunder geht zu Ende.<br />
Deine Eigenweide sind<br />
mit Gewalt  herausgerissen.<br />
Die Bäume sind entwurzelt,<br />
ohne Mitleid beschnitten.<br />
Nur eine traurige Verwicklung:<br />
Leblose Wurzeln liegen draußen.</p>
<p>Abgehetzt und realitätsfern<br />
füttern viele Vögelchen<br />
ihre Küken im Nest.<br />
Die armen Eltern verkennen,<br />
dass wegen des Fortschritts<br />
Junge und Bäume<br />
hoffnungslos in den Tod gehen.</p>
<p>Die Drosseln, die Finken,<br />
die Schwarzstörche,<br />
die Spechte, die Wiedehopfe,<br />
die Kleiber, die Lasurmeisen&#8230;<br />
sorgen für ihre Küken<br />
neben dem Uranbergbau,<br />
ohne ihr Schicksal zu kennen.</p>
<p>Die Dörfer sind entvölkert,<br />
die Wärter nicht mehr da.<br />
Kein Wärter für unsere Bäume,<br />
auch keiner für unsere Weiden.<br />
Die heilige Verbindung<br />
hat der Mensch verloren:<br />
Verwaist ist unser Land!</p>
<p>Wenn die Bewohner unserer Dörfer,<br />
ihren Notschrei nicht hören<br />
und nicht fürs Land kämpfen,<br />
werden  sie ihre Nahrung verlieren.<br />
Sie werden Gift im Boden,<br />
in der Luft und im Wasser Gift bekommen:<br />
Sie werden nur eine Wüste erhalten!Sie werden für all das mit Verwüstung belohnt!</p>
</div>
<div>María Pérez Martínez (Omaluna)</div>
<div></div>
<div>https://youtu.be/A7RbMuoa91Q</div>
</div>
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		<title>Raíces y encinas</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Mar 2018 23:33:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[OmaLuna]]></category>
		<category><![CDATA[Vivencias]]></category>
		<category><![CDATA[encinas]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[raíces]]></category>

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		<description><![CDATA[Durante siglos, la transmisión del saber se hizo de padres a hijos en los filandones, calechos, seranos&#8230; a la luz de los candiles y de las estrellas. No sólo se transmitían conocimientos prácticos y cultura tradicional sino también la pertenencia a la comunidad y a la tierra que proveía de sustento y medios de vida [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify">Durante siglos, la transmisión del saber se hizo de padres a hijos en los filandones, calechos, seranos&#8230; a la luz de los candiles y de las estrellas. No sólo se transmitían conocimientos prácticos y cultura tradicional sino también la pertenencia a la comunidad y a la tierra que proveía de sustento y medios de vida a quienes la habitaban desde hacía siglos.</div>
<div style="text-align: justify"></div>
<div style="text-align: justify">En las últimas décadas se quebró esta cadena de transmisión por la emigración a las ciudades, despoblándose nuestros pueblos. De este modo, nuestra tierra dejó de proporcionar sustento a la mayoría de la población y se quedó vacía y desprotegida ante proyectos voraces como la mina de uranio de Retortillo.</div>
<div style="text-align: justify"></div>
<div style="text-align: justify">Esta poesía habla de lo que está ocurriendo en la comarca del Campo  Charro y recuerda que sólo protegemos aquello que consideramos nuestro.  Que debemos intentar mantener el cordón umbilical que nos une a nuestra tierra,  ese vínculo que pasaba de generación  en generación  y nos permitía protegerla y proteger lo que somos y heredamos de nuestros antepasados.</div>
<div style="text-align: justify"></div>
<div style="text-align: justify">Leo estas palabras en leonés,  la lengua casi desaparecida de mis mayores, un legado que también se está perdiendo junto con el vínculo a nuestra tierra.</div>
<div style="text-align: justify"></div>
<div>Bajo un cielo inmenso</div>
<div>salpicado de estrellas,</div>
<div>un tapiz de encinas,</div>
<div>cubre la dehesa.</div>
<div>Troncos, copas y fronda,</div>
<div>mil raíces profundas,</div>
<div>resguardan y alimentan.</div>
<div></div>
<div></div>
<div>La luz y la sombra,</div>
<div>en un juego danzan:</div>
<div>tórridez y frescura,</div>
<div>cientos de charcas.</div>
<div>Tras pastar sin prisa,</div>
<div>toros, cerdos y ovejas,</div>
<div>su sed allí sacian.</div>
<div></div>
<div>La brisa susurra</div>
<div>entre hojas y espinas,</div>
<div>un rumor de batallas,</div>
<div>secretos de siglos,</div>
<div>de voces ancianas,</div>
<div>de sudores y afanes,</div>
<div>de historia milenaria.</div>
<div></div>
<div>Pero de eso: ya, nada.</div>
<div>Ni susurros, ni brisa,</div>
<div>ni murmullo del agua.</div>
<div>La mano del hombre,</div>
<div>inmisericorde,</div>
<div>voraz y terrible,</div>
<div>rompió nuestra calma.</div>
<div></div>
<div>Se acaba el milagro,</div>
<div>abren violentos tu entraña.</div>
<div>Te arrancan de cuajo,</div>
<div>te emburrian, te talan,</div>
<div>te tronchan y cargan.</div>
<div>Raíces inertes al aire,</div>
<div>una triste maraña.</div>
<div></div>
<div>En alcornoques y encinas,</div>
<div>afanosos, ajenos al drama,</div>
<div>muchos pajarines,</div>
<div>alimentan sus nidadas.</div>
<div>Ignoran, pobrines,</div>
<div>que vidas que comienzan,</div>
<div>ya están sentenciadas.</div>
<div></div>
<div>Los zorzales reales,</div>
<div>las cigüeñas negras,</div>
<div>los trepadores azules,</div>
<div>los pinzones y bubiellas;</div>
<div>carpinteros, herrerillos&#8230;</div>
<div>crían sin saber</div>
<div>de su triste sino.</div>
<div></div>
<div>Se vaciaron las aldeas,</div>
<div>ya no quedan guardianes,</div>
<div>ni de nuestras encinas</div>
<div>ni de nuestras dehesas.</div>
<div>El vínculo sagrado</div>
<div>perdió nuestra gente:</div>
<div>huérfana la tierra.</div>
<div></div>
<div>Si aquéllos</div>
<div>que habitan los pueblos,</div>
<div>no sienten su grito,</div>
<div>y no luchan por ella,</div>
<div>perderán su modo de vida, el sustento. Tendrán en su suelo veneno,</div>
<div>ponzoña en el aire y las aguas:</div>
<div>¡tendrán un desierto!</div>
<div></div>
<div>María Pérez Martínez (Omaluna)</div>
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		<title>Recuerdos de la &#8220;siega del pan&#8221;</title>
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		<comments>http://omaluna.es/recuerdos-de-la-siega-del-pan-2/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 27 Mar 2018 21:55:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas y Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[OmaLuna]]></category>
		<category><![CDATA[pueblo]]></category>
		<category><![CDATA[Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[segar]]></category>

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		<description><![CDATA[Una casa de trece personas, hoy casi vacía, yerma de risas y de voces graves de hombres labradores. Al contemplar ese patio, aún creo oír el repiqueteo del martillo del abuelo sobre la hoja del gadaño,  acompasado, igual que el vuelo de la herramienta en sus manos o en las mías, zis- zas, a ras, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Una casa de trece personas, hoy casi vacía, yerma de risas y de voces graves de hombres labradores. Al contemplar ese patio, aún creo oír el repiqueteo del martillo del abuelo sobre la hoja del gadaño,  acompasado, igual que el vuelo de la herramienta en sus manos o en las mías, zis- zas, a ras, pero sin chocar ni con los cantos ni con el terreno, para evitar su mella.</p>
<p style="text-align: justify">Un marallo, dos, tres&#8230; hasta acabar la faena. Las mujeres detrás con pañuelo blanco y sombrero de paja, los niños persiguiendo saltamontes y descubriendo niales de codornices y, si acaso, una liebre despistada que huye, veloz, por los linderos alante hacia la Campaza.</p>
<p style="text-align: justify"><a href="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2018/03/DQmWs1dWZC6fpMgyRxcXYSM3cz9YZD9nUhSbbvbr1C37muf_1680x8400.jpeg"><img class="alignright size-medium wp-image-321" alt="DQmWs1dWZC6fpMgyRxcXYSM3cz9YZD9nUhSbbvbr1C37muf_1680x8400" src="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2018/03/DQmWs1dWZC6fpMgyRxcXYSM3cz9YZD9nUhSbbvbr1C37muf_1680x8400-300x225.jpeg" width="300" height="225" /></a></p>
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">Rastrillan sin ganas,  pierden los dientes de madera de los rastros pequeños que a ellos les dejan,  los cincan mucho en la tierra. Recogen espigas hermosas de trigo dorado de caña alta; las degranan con esmero, quitando la argaña.  Con él, tras masticar mucho, mucho,  sale una pasta gomosa: su chicle de &#8220;pobres &#8220;.</p>
<p style="text-align: justify">Las mujeres,  mientras tanto, hacen las garañuelas con  pajas largas que sacan de los marallos, las retuercen  y atan los menojos de trigo, cebada o centeno. Los hombres, tras ellas,  van amorenando y al mediodía, al tañir de la campana del pueblo,  se sientan todos en concejo a la sombra de la morena, y sacan del serón de paja huevos duros con pimentón de la Vera,  escabeche de tino con cebolla, tocino del puchero y pan oscuro masado en casa,  con  el mimo de quien sabe lo que hereda, lo que guarda en sus manos y en su memoria para el que tras él llega, para que pueda por sí mismo valerse en esta tierra.</p>
<p style="text-align: justify">María Pérez Martínez (Omaluna)</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Rafael und María</title>
		<link>http://omaluna.es/rafael-maria/</link>
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		<pubDate>Fri, 13 Mar 2015 14:01:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas y Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[OmaLuna]]></category>
		<category><![CDATA[Dorf]]></category>
		<category><![CDATA[Hände]]></category>
		<category><![CDATA[María]]></category>
		<category><![CDATA[Rafael]]></category>

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		<description><![CDATA[Entvölkernde Dörfer, entgleitendes Leben. Ehemals, Belebtheit in den Häusern, heute ist zu viel Ruhe. Dürre Hände und trübe Sicht. Damals, flinke und kräftige Hände, heute schon knorrig, wie Weinranken, heute schon zitterig, wie Blätter im Wind. Die Straße hinauf: hager sein Körper, Sense auf der Schulter, mit ausstrahlender Seelenruhe und langsamen Schritte kommt er immer [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify"><a href="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2015/03/depositphotos_42748301-stock-photo-old-hands.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-346" alt="depositphotos_42748301-stock-photo-old-hands" src="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2015/03/depositphotos_42748301-stock-photo-old-hands-300x300.jpg" width="300" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: justify">Entvölkernde Dörfer,</p>
<p>entgleitendes Leben.</p>
<p>Ehemals, Belebtheit in den Häusern,</p>
<p>heute ist zu viel Ruhe.</p>
<p>Dürre Hände und trübe Sicht.</p>
<p>Damals, flinke und kräftige Hände,</p>
<p>heute schon knorrig,</p>
<p>wie Weinranken,</p>
<p>heute schon zitterig,</p>
<p>wie Blätter im Wind.</p>
<p>Die Straße hinauf:</p>
<p>hager sein Körper,</p>
<p>Sense auf der Schulter,</p>
<p>mit ausstrahlender Seelenruhe</p>
<p>und langsamen Schritte</p>
<p>kommt er immer an.</p>
<p>Es gibt keine Eile.</p>
<p>Die Abenddämmerung ist schon da.</p>
<p>Es gibt noch Zeit.</p>
<p>Güte auf seinem Gesicht,</p>
<p>gelassene Worte,</p>
<p>Ratschläge von Alten,</p>
<p>die mir immer bleiben,</p>
<p>die mir immer helfen,</p>
<p>die mir wichtig sind.</p>
<p>Und er dreht sich um:</p>
<p>&#8220;Gesundheit um sie großzuziehen!&#8221;</p>
<p>Auf meine Töchter hindeutet er.</p>
<p>Entgleitendes Leben,</p>
<p>sterbende Dörfer.</p>
<p>Auf wiedersehen Rafael!</p>
<p>Auf wiedersehen María!</p>
<p>María Pérez Martínez (Omaluna)</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Recuerdos otoñales</title>
		<link>http://omaluna.es/recuerdos-otonales/</link>
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		<pubDate>Sun, 19 Oct 2014 09:27:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas y Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[OmaLuna]]></category>
		<category><![CDATA[Abuelos]]></category>
		<category><![CDATA[castañas]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[otoño]]></category>

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		<description><![CDATA[En mi último paseo del verano, los árboles de la chopera ya comenzaban a vestirse de otoño y una lluvia de corazones amarillos cubrían la pradera. Según  iba pisando las flores de los castaños, que tapizaban el suelo, saltaban los saltamontes por doquier. Y en derredor aún cantaban grillos y chicharras. Un abejorro de alas [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">En mi último paseo del verano, los árboles de la chopera ya comenzaban a vestirse de otoño y una lluvia de corazones amarillos cubrían la pradera. Según  iba pisando las flores de los castaños, que tapizaban el suelo, saltaban los saltamontes por doquier. Y en derredor aún cantaban grillos y chicharras. Un abejorro de alas azul tornasol libaba el néctar de las flores amarillas de un cardo y revoloteaban a su lado una abeja, varias avispas y una mariposa. Y al llegar al Teso, encontré cobertura, en la piedra de siempre, sin que me picase nada, y sin que me lamiera los pies como la otra vez, un pastor aleman, no sé de quién.</p>
<p style="text-align: justify">Bajo los castaños del Teso me vino a la memoria la imagen de mi abuelo cortando leña a la puerta del huerto para el invierno. Recordé el ademán de sus dedos arrugados, pero aún firmes, rajando con parsimonia, una a una, las castañas que nos traía mi tía del Bierzo. Y me acordé de que siempre lográbamos birlarle alguna y la poníamos entera entre las del montón ya abiertas. Después, mi abuelo las depositaba sobre la chapa de la cocina de carbón para que se asasen. Las colocaba bajo una gran cobertera roja que movía de vez en cuando. Mientras, los nietos esperábamos pacientes a que estallase la que le habíamos colado. ¡Pumba!, y ¡todo lleno de harina de castaña! Mi abuelo no se enfadaba, yo creo que lo esperaba. A lo sumo soltaba un ¡coime! o un ¡vaya por Dios!</p>
<p style="text-align: justify">A veces el olor a castaña se mezclaba con otro aroma inconfundible de este tiempo: el de las manzanas asadas. Unas cuantas, con agua y azúcar en su corazón, burbujeaban sobre las bandejas superiores del horno. Y en la de más abajo: aquellas tres planchas de hierro tan bonitas de mi abuela. Y tras ellas, al fondo, unos trozos cuadrados de ladrillo refractario. Mi abuela había hecho unas bolsitas de trapo muy amorosinas en las que nos metía un ladrillo a cada uno al darle las buenas noches. Así nos podíamos calentar los pies, pues en aquel tiempo no siempre era bastante poner un &#8220;cobertor&#8221; o dos en la cama.</p>
<p style="text-align: justify">También recordé como mi abuela perseguía y atrapaba certeramente las últimas moscas refugiadas al calorcito de la cocina. Ésta, bien atizada, bufaba que se la llevaban los mismísimos demonios. No se andaba con miramientos: ¡zass!, y hala, ¡a parar encima de la chapa encendida! Después de dejarlas dar vueltas unos instantes sobre sí mismas produciendo aquel zumbido característico, mi abuela las empujaba con el gancho hasta el agujerito de las corras e iban a parar a la lumbre. Yo contemplaba absorta siempre esa escena, como aguardando a que alguna lograse huir de aquella tortura con la que mi abuela parecía disfrutar.</p>
<p style="text-align: justify"><img class="wp-image-273   alignleft" style="border: 5px solid black;margin: 5px" title="José F. Arillo" alt="IMG_8412688018818" src="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8412688018818.jpeg" width="300" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify">Era en aquellos anocheceres largos, cuando peleando por ocupar las rodillas de mi abuelo, nos sentábamos a su vera y él nos relataba aquellos cuentos tan bonitos de &#8221; Nicolasín y Nicolasón&#8221;, &#8220;Los dos amigos&#8221;, &#8221; María la encernadada&#8221;, &#8221; El astrólago de la corte&#8221;, &#8221; Bertoldo&#8221;, &#8220;El caballo volador&#8221;, &#8220;El médico y la muerte&#8221;&#8230; y los pasajes del libro de Carlomagno, que se sabía de memoria. Y qué paciencia tenía, que sólo se enfadaba si le tirábamos del mocho de la boina, porque se la estropeábamos, y es que ¡¡la boina era sagrada!!</p>
<p style="text-align: justify">Como dice un amigo mío, juglar en estos tiempos: ¡hay que &#8220;escuchar a los viejos&#8221;! Mis abuelicos y mis tíos-abuelos se me fueron ya, y me dejaron huérfana de historias y, mi padre, que tanto tendría que contar a sus 80, pues no quiere contar, por más que yo le &#8220;embisco&#8221; a las nietas&#8230; Quién sabe, lo mismo un día se le suelta la lengua (que a alguien saldré yo en lo de hablar por los codos), y les habla de recuerdos, de cuando jugaba con el aro de la bicicleta por las calles de piedras y barro, de cuando hacía tapiales, iba a segar al monte, hacían cestos de mimbre para la vendimia,  iba al molino del &#8220;ti Fanego&#8221; o al del &#8220;ti Soles&#8221;a moler,  o de cuando se metía en la galería de la casa de mi bisabuelo a leer los libros de un baúl que hablaban de Carlomagno y los 12 pares de Francia, del bálsamo de Fierabrás, de la puente de Mantible, del rey Clovis, de Floripes, de Fierabrás de Alejandría, de Roldán y su espada Durandarte, de Oliveros, del almirante Balán .. Aún sin estudios, mi padre me recitaba pasajes de la Ilíada o la Odisea cuando pequeña. Pero nada, que ahora no le da más gana. Y hay que respetarlo, pero sobre todo lo siento por mis enanas, porque yo tuve un abuelo que todas las noches &#8220;nos contaba&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify">Y recuerdo que yo hacía mis tareas, y mi abuela, que fue huérfana desde bien chica y la hermana mayor de entre muchos hermanos; que sólo pudo ir a la escuela algún día de invierno en que su hermano picaba las berzas y le daba licencia; que no pasó de la lección de los palotes pero que aprendió sola a echar algunas cuentas, y a leer y a escribir con  &#8220;El Silabario&#8221; y &#8220;La buena Juanita&#8221;,&#8230; mi abuela, me corregía mis láminas de dibujo con ojo clínico y me sacaba todas las falta. Y mi abuelo me explicaba la regla del &#8220;interés compuesto&#8221; y me revisaba las sumas.</p>
<p style="text-align: justify">A menudo, por este tiempo, al atardecer, llegaba a casa alguna de las hermanas chicas de mi abuela.  Lo primero, dejaban las galochas a la puerta de la calle, pues a casa se entraba en zapatillas. Traían siempre golosinas, nueces o avellanas en los bolsillos de la saya, debajo del mandil. Nosotros rebuscábamos hasta dar con el contenido de la &#8220;faltriquera&#8221; y aquella amorosa cocina se llenaba de historias, besos, &#8220;mordiscos&#8221; y risas.</p>
<p style="text-align: justify">Lo que daría por volver a mi niñez, a esos recuerdos, y a compartir de nuevo aquellas tardes del domingo con una de esas tías mías, que me llevaba de paseo por el campo ya sin fruto, montada con ella en su borrico (un borrico traicionero, que alguna vez me tiró al reguero). Después de la escuela, muchos días, cuando aún no había llegado el crudo invierno, me colaba en su casa vieja, la de mis bisabuelos, y me quedaba a ayudar en la tarea que fuera. Tengo grabados en la memoria: el pozo en el fondo del cual aún había cangrejos y su huerto lleno de flores, tiestos, frutas y unas calabazas chiquitas con el nombre rayado de cada sobrino-nieto. Me acordaré siempre del olor intenso de su lagar tras la vendimia y del olor a humo de su cocina vieja. Con mi tía, yo que soy y era muy &#8220;panosica&#8221;, amasaba aquellas hogazas de corteza dura, churruscadina, de miga y agujeros, hechas con el hurmiento que se pasaban las vecinas. Recuerdo aquel rico pan con tocino recién sacado del cocido, o mojado en la sustancia del pote, o con agua y azúcar, o con una buena capa de nata, o incluso con ajo machacadito encima&#8230; Y entre medias de amasando y arrojando el horno,  yo aprendí a bailar la jota con mi tía querida, ¡con olor a pan y olor a uva!</p>
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		<title>¡Adiós vecino, adiós!</title>
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		<pubDate>Mon, 05 May 2014 23:14:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas y Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[OmaLuna]]></category>
		<category><![CDATA[Rafael]]></category>
		<category><![CDATA[Riofrío]]></category>
		<category><![CDATA[vecino]]></category>

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		<description><![CDATA[Se van vaciando los pueblos, se va escapando la vida. Otrora, moradas bulliciosas, hoy silencio en demasía. Se van secando las manos y enturbiando las miradas. Manos robustas y ágiles antaño, hoy temblorosas y nudosas, cual sarmientos de la viña. Subiendo la calle del Teso, enjuto su cuerpo, guadaña en el hombro, no hay prisa, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2014/05/40896284-hand-of-a-old-man-holding-a-cane.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-349" alt="40896284-hand-of-a-old-man-holding-a-cane" src="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2014/05/40896284-hand-of-a-old-man-holding-a-cane-300x199.jpg" width="300" height="199" /></a></p>
<p>Se van vaciando los pueblos,<br />
se va escapando la vida.<br />
Otrora, moradas bulliciosas,<br />
hoy silencio en demasía.</p>
<p>Se van secando las manos<br />
y enturbiando las miradas.<br />
Manos robustas y ágiles antaño,<br />
hoy temblorosas y nudosas,<br />
cual sarmientos de la viña.</p>
<p>Subiendo la calle del Teso,<br />
enjuto su cuerpo,<br />
guadaña en el hombro,<br />
no hay prisa, aún hay tiempo,<br />
la tarde cayendo.</p>
<p>Bondad en la cara,<br />
el habla pausada,<br />
consejos,<br />
palabras de anciano:<br />
nunca sobran,<br />
siempre ayudan,<br />
siempre quedan.</p>
<p>Se da media vuelta:<br />
&#8220;salud para criarlas&#8221;,<br />
señala a mis niñas.</p>
<p>Se van muriendo los pueblos,<br />
se va escapando la vida.</p>
<p>¡Adiós Rafael!<br />
¡Adiós María!</p>
<p>María Pérez Martínez (Omaluna)</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>¡Felices Pascuas!</title>
		<link>http://omaluna.es/felices-pascuas/</link>
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		<pubDate>Fri, 18 Apr 2014 23:51:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas y Recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[OmaLuna]]></category>
		<category><![CDATA[carracas]]></category>
		<category><![CDATA[Domingo de Ramos]]></category>
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		<category><![CDATA[letanías]]></category>
		<category><![CDATA[oficio de tinieblas]]></category>
		<category><![CDATA[panadero]]></category>
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		<description><![CDATA[Oí frecuentemente este saludo por Pascua cuando niña y siendo menos niña. Con él vienen a mi memoria el tiempo de Semana Santa, de vacaciones y de reencuentro de las familias en el pueblo. También el olor a incienso y la visita al &#8220;Monumento&#8221; en la iglesia; la procesión a la ermita cantando el &#8220;Rosario de la buena [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Oí frecuentemente este saludo por Pascua cuando niña y siendo menos niña. <span style="line-height: 1.5em">Con él vienen a mi memoria el tiempo de Semana Santa, de vacaciones y de</span><span style="line-height: 1.5em"> reencuentro de las familias en el pueblo. También el olor a incienso y la visita al </span><span style="line-height: 1.5em">&#8220;Monumento&#8221; en la iglesia; la procesión a la ermita cantando el &#8220;Rosario de la buena muerte&#8221;,  y una vez allí, el cántico de las 5 llagas y otras letanías propias del tiempo de Pasión. No faltaba nadie a la cita del coro: Filomena, Encarna, Teresa, Lola, Jovita, Catalina, Ángeles, Tilina, la ti María, Charo, Titas y Pepi, Araceli, Toña, Paulina, la otra Lola, Leonor, Lucinda, Coles, Felisa,&#8230; Al</span> final, nos daba D. Miguel, el cura, las gracias a todos y pasábamos a visitar las tumbas de los seres queridos en el cementerio.</p>
<p style="text-align: justify"><span style="line-height: 1.5em">Hoy he recordado uno de los cánticos de las Llagas , porque de las otras mezclo las estrofas: &#8220;Por la del costado abierto, que muerto la lanza abrió, sea mi seguro puerto y haced que no tenga yo, que sentir después de muerto&#8221;.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="line-height: 1.5em">(He encontrado un enlace en el que vienen las 5 como las cantamos en mi pueblo, aunque falta alguna más, como por ejemplo la de la frente: </span><span style="line-height: 1.5em">http://acacia.pntic.mec.es/jror0018/paginas/llagas.htm )</span></p>
<p style="text-align: justify">De aquel tiempo, recuerdo unas carracas de madera que teníamos mi hermana y yo, de unos cuatro palmos de alto, una ancha y otra estrecha, hechas por algún familiar carpintero. ¡Qué estruendosas eran! Nunca más las volví a ver por casa, ¡qué pena! ¡Casi seguro que acabaron en la lumbre, igualito que la rueca y lo que equivocadamente llamábamos &#8220;telares&#8221;!</p>
<p style="text-align: justify">Contaba mi abuela que cuando ella era pequeña, había un &#8220;oficio de tinieblas&#8221; en la iglesia, ya no recuerdo cuándo, sospecho que de Jueves a Viernes Santo, al que críos y mozos llevaban sus carracas y metían tal ruido con ellas con la iglesia a oscuras que ¡miedo daba! El ruido ensordecedor aparecía cuando el cura leía el pasaje bíblico en que se desgarraba el velo del templo y, a continuación, apagaba la última palmatoria, quedando la iglesia a oscuras. En concreto, mi abuela decía que &#8220;oíanse los quejidos y lamentos de las ánimas del purgatorio&#8221;. Y mi madre dice que aprovechaban para picar con los alfileres que llevaban convenientemente preparados a las mujeres que tuvieran delante!</p>
<p style="text-align: justify">(Aquí os dejo un enlace por si queréis saber un poco más, es de la página de Ferreras, bien interesante, por cierto:</p>
<p style="text-align: justify"><span style="line-height: 1.5em">http://www.ferrerillos.es/oficios-de-tinieblas.html )</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="line-height: 1.5em">Recuerdo también a mi abuelo decirme algo así como que &#8220;Dios castiga a quien trabaja en Viernes Santo&#8221;. Así estaba yo tal tarde: sentadina tan contenta, cosiendo un trapito para las muñecas a la puerta de la calle, viendo pasar los coches por la carretera y esperando que llegase la hora de los Oficios para bajar por el Camino del Monte al pueblo. ¡Qué pesar me entró cuando mi abuelo me dijo aquello! La impronta que me dejaron la frase y la situación fue que debía obedecer a mi abuelo y no trabajar en ese día, nada de nada. Aparte de los tres días que relumbran más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión. No se me olvida, no. Y siempre me recordaba mi abuelo que como mi padre no hacía caso de ello, siempre tenía algún contratiempo trabajando en esos días de precepto. Oye, que era verdad: o se le averiaba el tractor, o se le rompía el arado&#8230; pero ¡qué iba a hacer el hombre, si no le llegaba el tiempo para todo y tenía seis lebreles que alimentar!</span></p>
<p style="text-align: justify">Otra cosa que recuerdo son las rosquillas de Pascua hechas por &#8220;Manolo y Rosa, los panaderos&#8221;, personas tan entrañables de mi infancia. Yo siempre le decía a mi madre que me gustaba más el pan de Manolo, y ella nada, se lo compraba a &#8220;Morterina&#8221; y a &#8220;Cabezorra&#8221;, otros panaderos de la Ribera. Por Dios, ¡no había color! Así que yo siempre andaba pidiendo pan a mi abuela del suyo. Desde luego, era el que mejor estaba cuando mojábamos a escondidas una reboja en el cocido, y porque como tenía una miga muy prieta, no se deshacía al mojarlo en el caldo. Muchas veces, cuando acordaba a darse cuenta mi abuela,&#8230; ¡los perillanes ya le habíamos <span style="line-height: 1.5em">dejado los garbanzos sin sustancia para hacer la sopa de fideos!</span></p>
<p style="text-align: justify">También recuerdo que el Domingo de Ramos, mis hermanas y yo siempre estrenábamos un vestido hecho por mi madre. Un vestido de tirantes y &#8220;nido de abeja&#8221;. Y es que de aquella siempre hacía muy bueno por Semana Santa en el pueblo. Y ya se sabía, que &#8221; quien por el Domingo de Ramos no estrena algo, no tiene ni pies ni manos&#8221;. ¿De dónde sacaría mi madre el tiempo para hacernos aquellos vestidos a las tres y pantalones nuevos a mis hermanos? Imagino que robando horas al sueño&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">
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		<title>De paseo: recordando unos, descubriendo otros.</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Apr 2014 03:24:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mediodía. El lauredal, el sol sobre el hórreo. Bajo la vía, la esquina de siempre, poblada de ortigas. ¿Les véis las orejas? ¡Cuidado, que pican! Cuando éramos rapacines y nos portábamos mal, mi abuelo nos ofrecía ir a buscar un buen manojo y arrimárnoslo a los &#8220;cadrilines&#8221; ¡Paciencia de santo con aquellos seis diablillos! Brisa [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Mediodía. El lauredal, el sol sobre el hórreo. Bajo la vía, la esquina de siempre, poblada de ortigas. ¿Les véis las orejas? ¡Cuidado, que pican! Cuando éramos rapacines y nos portábamos mal, mi abuelo nos ofrecía ir a buscar un buen manojo y arrimárnoslo a los &#8220;cadrilines&#8221; ¡Paciencia de santo con aquellos seis diablillos! Brisa ligera y fresca con olor a mar en la cara.<br />
¡Mirad, más ortigas! Las recogíamos de niñas, hacíamos manojitos y los colgábamos de las puntas del tabaco en la panera. Desque secas, las cocíamos y aclarábamos el pelo con aquel agua negra, para ponerlo bien bonito. Eso nos decía mi abuela. Mamá, ¿puedo correr?<br />
Seguimos el paseo. Esas son Caléndulas. No las cortéis, que son pegajosas. Sirven para ahuyentar mosquitos y tábanos. Y aquellas son Belloritas de los prados. Nuestra era se poblaba de ellas y de otras amarillas mientras mi abuelo vivía. Recuerdo el frescor del agua del canal bajo mis pies, pisando descalza la hierba, cuando él inundaba la pradera para que reverdeciera. Y el ritmo de la guadaña al segar. Me viene el olor a huerto recién regado, tumbada bajo los cerezos sobre un jergón de paja, estudiando unas veces, vagueando otras, y alguna vez, hasta mirando las estrellas de noche.<br />
Y esas de ahí son &#8220;acedas&#8221;, las del pie de la verja, y las otras &#8220;acedas de sapo&#8221;, pero sólo se comen las primeras. Y las de la enredadera también se comen, pero ojo con esas otras, las que tienen nervios, que no me acuerdo como se llaman: son venenosas.<br />
Mamá, ¿y estas moradas? Esas son flores de malva, se comen, y sus hogacitas también, pero coge sólo de las altas, que las bajas están de pis de los perros. Cuando mami era niña, se recogían y se dejaban secar. Después, cuando teníamos catarro en invierno, cogìamos un puñadín, lo cocíamos y ¡santo remedio! A la peque le gustan, y vuelve por más&#8230;<br />
¿Y eso del suelo? Son chinches rojos o de las malvas. ¡Mamá, quiero uno! ¿Lo puedo llevar a casa? Es para el cole&#8230; Hija, ¡qué ideas tienes, que pica! No lo cojas, que no,&#8230; Mira, esa si puedes, que es una &#8220;coca panadera&#8221;. ¡Anda, abre los dedos y cántale la canción!: &#8220;Coca panadera, cuéntame los dedos y ¡vete pa la era!&#8221; &#8220;Mariquita que faciste, que la era no barriste&#8230;&#8221;</p>
<p style="text-align: justify">María Pérez Martínez (Omaluna)</p>
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