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	<title>OmaLuna &#187; Lavadero</title>
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	<description>Recuerdos, vivencias y pensamientos</description>
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		<title>El lavadero de mi pueblo</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Apr 2018 19:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Omaluna]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Añoranzas y Recuerdos]]></category>
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		<category><![CDATA[Lavadero]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Recuerdo lavar con mi madre, mi abuela o mis tías en el lavadero del pueblo. Vienen a mi memoria la suavidad del cemento desgastado, el sonido al golpear y &#8220;torcer&#8221; la ropa sobre la piedra; mi tablita de madera, los carretillos, los barreños de zinc y las cestas; las manos ateridas y picadas de mi madre, que a veces lavaba con unos guantes blancos de tela; el vapor del chorro del caño en invierno, el silbo del viento, la brisa y el sol en la cara. Mujeres con sayas, mandiles, pañuelos a la cabeza y sombreros de paja. ¡Y es que el lavadero de mi pueblo no estaba &#8220;a la abrigada&#8221;, como otros!</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo &#8220;tendir&#8221;  al sol la ropa lavada o enjabonada sobre aquella pradera al lado de la iglesia. Y aquellos panales de jabón que aún hacemos a veces en casa, su blancura, el olor a sosa y grasa derretida de cerdo en la olla sobre la chapa de la cocina de carbón, y el corte untuoso y a ojo en el molde alargado de tabla&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo coger espadañas y ponerme perdida la ropa pelando las &#8220;macetas&#8221;; arrancar juncos al lado del caño y cortarme; hacer con ellos aros trenzados para luego meter por las agallas los peces que pescábamos para los gatos en la presa; buscar melucas para los anzuelos y trocearlas, ¡qué asco me daba! Al salir de misa jugábamos a carreras por sus bordes y, a veces, algún rapacín metía por uno de los dos caños una rana y lo atascaba ¡Qué bronca de las señoras del pueblo a todos! ¡Y cómo perseguíamos el calcetín o pañuelo que se iba de un estanque al otro cuando ellas lavaban! Otras veces lavábamos en el agua helada del reguero al lado de casa de &#8220;Teresa la Amapola&#8221; y &#8220;Vito Triguero&#8221;, y corríamos veloces aguas abajo para &#8220;atropar&#8221; lo que fuera antes de que se lo llevase Dios sabe dónde la fuerza de la corriente. Y si teníamos sed, bebíamos sin miedo, haciendo una cruz con el dedo, diciendo este encantamiento: &#8220;por aquí pasa Dios, por aquí una culebra, que sea bendita el agua que yo me beba&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify"><a href="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2018/04/IMG_945420013437-lavando-en-el-reguero1.jpeg"><img class="alignnone size-medium wp-image-371" alt="IMG_945420013437 lavando en el reguero" src="http://omaluna.es/wp-content/uploads/2018/04/IMG_945420013437-lavando-en-el-reguero1-300x300.jpeg" width="300" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: justify">Me acuerdo que pasábamos el puentecillo sobre su charca para ir al colegio y, también a diario, recuerdo saltar por las piedras de aquel sendero de años, sorteando el agua y el barro, hasta llegar an cá Nati, la del panadero, y doblar su esquina para ver ya la escuela al pie de las eras. ¡Cuántas veces nos inclinábamos peligrosamente sobre aquella laguna verdosa para alcanzar un lirio amarillo o violeta y hacer con él un &#8220;pollito&#8221;! ¡Cuántas veces perseguimos las ranas, las culebras de agua o alguna libélula! ¡O hicimos arcos sobre la superficie del agua tirando rasa una piedra bien plana, o círculos concéntricos tirándola a plomo! ¡Cuántas veces observábamos absortos a los &#8221; zapateros&#8221; deslizándose sobre el agua  como por arte de magia!</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo a mi padre pasando esa charca de debajo del lavadero, con el tractor, las gradas, y el caballo atado a éstas, al paso, sin prisa, para ir a las tierras; y a Trosky, el perro de Ludi, ladrando, al pie de su casa, y yo, gritarle: ¡&#8221;chito, marcha&#8221;, que me tiras de la bicicleta, anda!</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo, más abajo del lavadero, el pozo &#8220;la barrera&#8221;, justo antes del cementerio, cubierto de juncos y espadañas que ocultaban un secreto: una ciénaga, aguas movedizas que habían sepultado a más de una vaca o caballo. Mi hermano se hundió  allí una vez hasta el pecho y por suerte fue rescatado, pero vaya ahogo le da desde entonces el agua&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">Al ir al colegio seguíamos distintos senderos. Tirábamos a los regueros de detrás de las casas trozos de ladrillo con agujeros y, a la vuelta, los sacábamos con cuidado y los volcábamos sobre las cembas: ¡ siempre salían cangrejos que llevábamos contentos a casa! Alguno se nos escapaba, y contemplábamos la nube de fango que levantaba huyendo hacia atrás, escondiéndose en el barro del fondo: ¡la próxima vez será!</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo que había un balde enorme de zinc al pie del grifo del patio. Era donde mi madre echaba &#8220;a ablandar&#8221; las gasas de mi hermana cuando yo tenía 5 años escasos. El invierno de entonces sí que era duro: de las veras del corredor que daban al patio colgaban por la mañana chupiteles de hielo bien largos. Para llevar aquellas gasas a lavar al lavadero, levantaba bien temprano con mis maninas un buen &#8220;redondel&#8221; de carámbano que era como mi puño de gordo. En ese mismo barreño de zinc era donde al solecín del invierno o verano, nos lavaba mi madre a todos los hermanos. Aún no había lavadora, y hasta poco después, ni cuarto de baño. Eso sí, una cuadra para las vacas, otra para los burros y el caballo, cochiquera y gallinero para gallinas y &#8220;curros&#8221;. Bodega, panera, un gran pajar, y un gran corredor para los frutos del huerto y del campo. Lo más importante, asegurar el pan de cada día. Nada de lujos, así me he criado.</p>
<p style="text-align: justify">Recuerdo ir a la era, tras de casa, y a mi tío Eladio decirme, desde la suya, a modo de saludo: &#8220;¿mosquita, vas &#8220;tendir&#8221; la ropa?&#8221;  Y dejarla &#8220;al sereno&#8221; tras darle jabón, y que un perro del pastor le llevara un calcetín a mi madre, y los baños en el canal de riego cuando mi abuelo regaba la era, &#8230; También iba con mi abuela a lavar y rallar al reguero las tripas del cerdo, para hacer los chorizos. Pero estas son otras historias. Da para otro cuento.</p>
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