¡Adiós vecino, adiós!

Se van vaciando los pueblos,
se va escapando la vida.
Otrora, moradas bulliciosas,
hoy silencio en demasía.

Se van secando las manos
y enturbiando las miradas.
Manos robustas y ágiles antaño,
hoy temblorosas y nudosas,
cual sarmientos de la viña.

Subiendo la calle del Teso,
enjuto su cuerpo,
guadaña en el hombro,
no hay prisa, aún hay tiempo,
la tarde cayendo.

Bondad en la cara,
el habla pausada,
consejos,
palabras de anciano:
nunca sobran,
siempre ayudan,
siempre quedan.

Se da media vuelta:
“salud para criarlas”,
señala a mis niñas.

Se van muriendo los pueblos,
se va escapando la vida.

¡Adiós Rafael!
¡Adiós María!

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