De paseo: recordando unos, descubriendo otros.

Mediodía. El lauredal, el sol sobre el hórreo. Bajo la vía, la esquina de siempre, poblada de ortigas. ¿Les véis las orejas? ¡Cuidado, que pican! Cuando éramos rapacines y nos portábamos mal, mi abuelo nos ofrecía ir a buscar un buen manojo y arrimárnoslo a los “cadrilines” ¡Paciencia de santo con aquellos seis diablillos! Brisa ligera y fresca con olor a mar en la cara.
¡Mirad, más ortigas! Las recogíamos de niñas, hacíamos manojitos y los colgábamos de las puntas del tabaco en la panera. Desque secas, las cocíamos y aclarábamos el pelo con aquel agua negra, para ponerlo bien bonito. Eso nos decía mi abuela. Mamá, ¿puedo correr?
Seguimos el paseo. Esas son Caléndulas. No las cortéis, que son pegajosas. Sirven para ahuyentar mosquitos y tábanos. Y aquellas son Belloritas de los prados. Nuestra era se poblaba de ellas y de otras amarillas mientras mi abuelo vivía. Recuerdo el frescor del agua del canal bajo mis pies, pisando descalza la hierba, cuando él inundaba la pradera para que reverdeciera. Y el ritmo de la guadaña al segar. Me viene el olor a huerto recién regado, tumbada bajo los cerezos sobre un jergón de paja, estudiando unas veces, vagueando otras, y alguna vez, hasta mirando las estrellas de noche.
Y esas de ahí son “acedas”, las del pie de la verja, y las otras “acedas de sapo”, pero sólo se comen las primeras. Y las de la enredadera también se comen, pero ojo con esas otras, las que tienen nervios, que no me acuerdo como se llaman: son venenosas.
Mamá, ¿y estas moradas? Esas son flores de malva, se comen, y sus hogacitas también, pero coge sólo de las altas, que las bajas están de pis de los perros. Cuando mami era niña, se recogían y se dejaban secar. Después, cuando teníamos catarro en invierno, cogìamos un puñadín, lo cocíamos y ¡santo remedio! A la peque le gustan, y vuelve por más…
¿Y eso del suelo? Son chinches rojos o de las malvas. ¡Mamá, quiero uno! ¿Lo puedo llevar a casa? Es para el cole… Hija, ¡qué ideas tienes, que pica! No lo cojas, que no,… Mira, esa si puedes, que es una “coca panadera”. ¡Anda, abre los dedos y cántale la canción!: “Coca panadera, cuéntame los dedos y ¡vete pa la era!” “Mariquita que faciste, que la era no barriste…”

One Response to“De paseo: recordando unos, descubriendo otros.”

  1. 2016/08/23 at 4:11 pm #

    ¡cuánta sabiduría se pierde con el abandono del pueblo y el campo!

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